jueves, 30 de julio de 2009

II.- Primera infancia

Paulina Valdez

No pasó mucho tiempo desde el incidente con el vecino hasta que un día mi madre regresó por mí. Ella se había ido a Colima a trabajar y me dejó al cuidado de mi abue mientas encontraba una casa en dónde vivir. Parece ser que le interesaba superarse, demostrarle al pobrecito pinche mundo que ella era una mujer de muchos huevos –como si al pobrecito pinche mundo le interesara–, que solita podría con la responsabilidad y que no necesitaba de ningún hombre para salir adelante y que a mí, no me hacía falta tener padre porque ese papel también lo podía hacer ella, aparte de que también necesitaba –según ella– desapegarse de mi abuela –ése fue su primer gran error– y, según dicen, protegerme de las habladurías de la gente. Una madre soltera y su hija bastarda no eran muy bien vistas entonces. En realidad, nunca hemos sido bien vistas, ni ahora ni en aquél tiempo. Me enteré hace un tiempo que mi madre no vivía sola en Colima, pero que esa persona, para cuando ella regresó a México por mí, ya la había dejado. Según palabras de esa misma persona, Rosa María, era excesivamente iracunda y en una ocasión le dio una cachetada por no haber lavado la taza que utilizó para tomar café mientras estudiaba durante la noche. Ella trabajaba de noche y él era estudiante de Medicina.

Recuerdo a varios de los novios de mi mamá, todititos unos imbéciles (me place ser honesta). Recuerdo que tenía un novio que era prieto, el cabrón, pero negro así como costeño y feo, pero feo con efe de foco fundido. Era doctor, creo; bueno, pues ese tipejo le dijo a mi madre que se fuera con él a Italia, pero que me dejara porque como yo era rubia y muy bonita, obviamente nadie iba a creer que yo era su hija. Pobre cuate. Parece ser que mi madre entonces todavía me quería y respondió con un rotundo ¡NO! Jamás volvimos a saber nada del pinche prieto feo aquel.

Rosa María fue una madre ausente durante mis primeros casi cuatro años de vida, y si no, entonces ¿por qué no tengo recuerdos de ella como sí los tengo de mi abuela? Dicen que mi abue le rogó a mi mamá para que no me llevara, para que me dejara con ella; mi mamá obviamente se convirtió en piedra y lógico le soltó aquella de “¡es mi hija, y tiene que estar en donde yo esté!”. No recordaba yo el momento en que nos fuimos. Ya después, indagando con mis tías, me enteré por qué: mi abue se fue a llorar hasta que casi se le secaron los ojos al parque que estaba enfrente de la casa, aquél que tiene mi edad. No se despidió de mí. Le dolió demasiado que mi mamá con su soberbia le arrancara a la niña de sus ojos.

Mientras vivimos en Colima la vida pasó sin mayores contratiempos, hasta que un día todo eso cambió. Mi madre seguía trabajando como burro, doblaba turnos, vendía enciclopedias y biblias, y cuando no hacía todo eso, dormía. A veces me dejaba con una señora compañera de ella en el hospital (mi mamá es enfermera). Otras veces me dejaba con una señora que era sorda. Estaba requetechistosa la seño: era morena, chaparra y siempre olía a manteca. Tenía los pies más feos que he visto en mi vida porque los dedos se le encimaban uno arriba de otro y los tenía secos, como la tierra que se parte en las sequías. Las uñas parecían como garras de perico, negras, largas y muy gruesas –yo creo que no se las cortaba porque segurito que le dolían–, y a veces salía a la calle descalza. Obviamente no hablábamos: ella sólo me señalaba lo que quería que yo hiciera y yo lo hacía.

Después mi mamá me inscribió al preescolar. De eso si no recuerdo nada de nada. Tengo una fotografía pero no recuerdo a ninguno de los niños que aparecen en ella.

Todo transcurrió pacíficamente hasta que un día, al hijo de la amiga de mi mamá, que tenía como 14 ó 15 años, se le ocurrió enseñarme su pene. ¡Que cosa más asquerosa! No supe qué hacer, simplemente me quedé ahí mientras él insistía en que se lo tocara. Era de noche, creo que mi mamá había salido con su novio, un pelmazo que era casado y tenía la puntada de llevar a dormir a la casa a su hijo. Salí corriendo de ahí y fui a buscar a la amiga de mi mamá, pero no le dije nada.

Todo ese tiempo extrañé demasiado a mi abue. Mi mamá me bañaba a veces con agua fría. Como supuestamente en Colima hacía mucho calor, me saldría sarpullido con el agua caliente y bañarme con agua al tiempo era su remedio. El sarpullido de todos modos siempre me salía y terminaba como niña polvorón por la Maizena que me ponía en todo el cuerpo para evitar la comezón y secar la humedad del sudor.

Una vez por poco y piso a un alacrán. Ella asustó mucho y me acuerdo que lo mató, lo puso en un pedazo de algodón con alcohol y le prendió fuego. Eso lo hacía la gente para ahuyentar a los otros alacranes que anduvieran entre las tejas. Yo creo que no era cierto porque en otra ocasión habíamos ido a un río y me traje muchos pececitos. Los puse en la pileta. Era una pileta enorme. A veces ahí me bañaba mi mamá. Al día siguiente amanecieron todos muertos, pues una hembra de alacrán con todos sus alacrancitos en el lomo, habían caído a la pileta y habían matado a mis peces. Me dio mucha tristeza y mi mamá aplicó el mismo método del algodón con alcohol; las crías del alacrán tronaban como palomitas de maíz. Se escuchaba chistoso.

Para consolar la pérdida de mis peces, mi mamá me regaló un pollo y lo bauticé con el nombre de Pepe. Pepe el pollo pronto cayó de la gracia de mi madre. Teníamos un guacal en el que a Pepe el pollo le gustaba dormir. El problema no era ése sino que en ese guacal mi mamá guardaba sus pantimedias blancas del uniforme; y Pepe el pollo, como buen pollo que era, las picoteaba y se cagaba en ellas: las medias de mi madre quedaban inservibles.

Un día mi mamá muy seriamente me dijo: “Pepe ya no puede vivir con nosotras, se tiene que mudar. Se lo van a llevar a una casa en el campo. Ahí va a crecer, va a ser un gallo muy bonito y va a estar contento con otros gallos y gallinas”. ¡Qué mala era mi madre!

–¡No es cierto, lo van a matar como mi abue mata a los guajolote (en varias ocasiones, en navidad, vi a mi abuela mientras los mataba. Primero les cortaba la cabeza y a veces los animales salían corriendo chorreando sangre; luego, los remojaba en agua hirviendo y les arrancaba las plumas. Más sangre.) y lo van a hacer caldo de pollo!– empecé a llorar, bueno mejor dicho, estaba haciendo un berrinche marca diablo mientras Pepe el pollo me miraba y me decía pío, pío.

Finalmente se llevaron a Pepe el pollo. Nunca supe nada de él, aunque seguido le preguntaba a la vecina quién se lo había llevado cómo estaba y si ya había tenido pollitos. La pinche vieja nada más se reía, con su boca toda chimuela y le decía a mi mamá: “Que buena memoria tiene la niña”. Jamás me dio razón de mi pobre amigo, pero cuando hacía enojar a mi mamá me decía que seguramente ya se habían comido a Pepe el pollo en mole rojo o en caldo. Talvez debido a todo lo anterior, el pollo no se encuentra entre mis comidas preferidas.

Pasó el tiempo. Mi mamá ya había terminado con el pelmazo; yo terminé el preescolar y mi mamá empezó a hacer planes para mudarnos a Guadalajara.

Regresé entonces al regazo amoroso de mi abue. Me sentía feliz de verla. Me enseñó todas las cartitas que yo le escribía, monitos, bolitas y palitos porque eso era lo que yo había aprendido en el preescolar de Colima. Mi abue se ponía feliz.

Le platiqué de los baños con agua fría, del alacrán al que por poco piso, de la alacrana que mató a mis peces que habíamos traído del río que estaba muy lejos y por supuesto del trágico final de Pepe el pollo. Mi abue lloraba al escucharme hablar. No sé si lloraba de felicidad o de tristeza pero me decía que ya todo estaba bien, que me llevaría a la escuela y que me quedaría con ella mucho tiempo.

15 comentarios:

ferrrioni dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
ferrrioni dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
ferrrioni dijo...

Pau, ayer vi tus fotos del kinder (hoy no estan), en la primera estás sobre la banqueta de la entrada principal de la Catedral de Colima; en la segunda, con tu capa de "estudiantina", efectivamente apareces con tu grupo sobre las gradas del kiosko del Jardin Libertad en el centro de la ciudad y en la tercera, con tu maestra, tal vez un 2 de noviembre en la expo de altares de muertos que aún se instala en el Jardín Torres Quintero, atrás de Catedral.
Sigo...

ferrrioni dijo...

Me sorprende saber que parte de tu infancia la pasaste en Colima, no dudo que muchas personas que trabajan en el hospital recuerden a tu mamá, ella debió laborar en el antiguo edificio que se ubica por Av. San Fernando esq. con Ignacio Sandoval.
Como última obra de su gobierno, dos días antes de concluir su administración, el entoces Presidente Ernesto Zedillo inauguró el hoy denominado Hospital Regional Universitario, ubicado al norte de la ciudad, a unos metros de la glorieta de la "figura obcena" www.diariodecolima.com/galeria.php
http://defecito.com/2006/06/01/figura-obscena-de-jose-luis-cuevas/
Supongo que recibiste tus clases de gimnasia en la USI (Unidad de Servicios Infantiles) que se ubica a unos pasos del Parque de La Piedra Lisa, por cierto ese parque es ahora objeto de remodelación y ampliación, contará con un museo de ciencias como el Planetario o el Trompo Mágico de Guadalajara, supongo que alguna vez tu mámá o alguna de tus nanas te ayudó a subir a la piedra, la tradición colimota dice que quien se desiza en ella se queda o regresa a Colima, simpre se cumple.

Mar dijo...

Disfruté mucho este breve relato sobre tu infancia.

Recordé los pollitos de colores que teníamos mis hermanos, mi prima y yo y que después nos sirvieron en mole y no nos dejaron levantarnos de la mesa hasta que nos lo comimos.

La infancia es una etapa difícil, sin duda. Pone a prueba nuestra sobrevivencia y nuestra capacidad de adaptarnos a las inclemencias del entorno. Además, somos completamente dependientes -a menos que vendamos chicles y vivamos en la calle- de los adultos a nuestro al rededor que pueden o no, decidir lo mejor para nosotros.

Gracias a Dios, crecemos.
Lo único malo es, pues, que en la crecida generalmente perdemos a los abuelitos. Bu.

Mar dijo...

Ah, una duda, con fundamentos meramente egocentristas:
¿Qué imagen te habías hecho de mí que decayó después del último post?

Interesante.

chOcolAte sEnXuAl dijo...

wuakala

la primera vez que yo vi el pene de un hombre fue porque un fulano extrañio andaba de mañioso y me lo enseñio

diiiuuuccc se ven tan asquerosos cuando no les haz tomado el gusto jeje

pobre pepe pollo cual habra sido su destino??

PaulinAlfaro dijo...

ferrioni: Sí, es cierto, y regresé a Colima hace 11 años, más o menos. Fui al jardín y vi la piedra lisa y me pareció tan, pero tan pequeña... Recuerdo muy bien que cuando era niña me daba pavor subirme, me daba miedo no detenerme al llegar abajo y terminar con el hocico ensangrentado, como en varias ocasiones vi que quedaban los niños. Cuando fui hace años, recuerdo haber sentido el mismo miedo, yo ya no me deslicé pero mi hija mayor sí. Toda la familia del esposo de mi progenitora vive en Colima y ellos, al menos una vez al año, van para allá.
Desde luego que me gustaría ir, Colima me parece un lugar limpio y sano para vivir y para que mis arañas crezcan ahí, pero la situación económica por el momento no nos permite ni darnos una vuelta por asomo.
Respecto de toda la ubicación que me has proporcionado... pues no, me quedo igual. No he podido recordar mucho más de lo que he escrito. Son tan vagos mis recuerdos. Ubico fragmentos de casas, de la escuela a la que me llevaban a las clases de gimnasia y ballet, de la Piedra Lisa (aunque creo que eso es porque la vi la última vez que fui), de la casa en la que vivimos o de la casa de la amiga d emi mamá, que también era enfermera. Creo que vivimos en Colima cerca de un año o año y medio.

PaulinAlfaro dijo...

Mar: ¡Fue un simple ejemplo de cómo funcionan los prejuicios! En serio, sigo pensando que eres una chica inteligente y observadora. Obviamente, pienso que eres muy exigente con tu experiencia personal y que por eso muchas veces te sientes incongruente y crees que eso es algo "raro" o "anormal"; pero todos lo somos, si no fuera así la gente no modificaría su conducta o intereses para mejorar o empeorar.

:D

PaulinAlfaro dijo...

chOcolAte sEnXuAl: Sí, guacala. Supongo que en verdad terminó hecho caldo. :(

ஜ★☆ AmOr en rOsa ★☆ஜ dijo...

Las abuelas son un amor... y me imagino como ha de haber llorado cuando te fuiste y la alegría de cuando te volvio a ver :)

jejeje... soy nueva por aca y con tu historia me hiciste recordar un poco mi infancia :)

saludos!

PyoT dijo...

Pepe el pollo es inocente!!!!!
Yo recuerdo muchos detalles de mi infancia, pero no puedo recordar que desayune xD.

CRUDO dijo...

yo no tengo tantos recuerdos de mi infancia, pero me conto una ves mi madre que también tuvo que dejarme un tiempo con mi abuela y el día que fue por mi yo ya no quería irme con ella y que eso la entristeció mucho, fu cuando la abuela dijo que me dejara con ella y mi madre dijo la misma frase que la tuya, y pues ya jeje, chin casi porteo en tus coments

ElMario dijo...

Me Sco De Onda El Pinche Doctor Obscuro Que Se Queria Llevar A Tu Mama Y A Ustedes No.
Si La Pava Es Del Pavo
De Quien Son Los Pavitos???

ferrrioni dijo...

¡Mm!¿y qué más?